3 julio 2026 / por Orliana
Durante años, las organizaciones han invertido millones en estrategias, procesos y tecnología, esperando que el cambio ocurra como resultado casi automático. Sin embargo, una y otra vez, se encuentran con la misma barrera invisible: las personas no cambian al ritmo que el negocio exige. (Aunque ese sea el deseo, cuando se contratan consultoras o empresas de estrategias.)
Ahí es donde el coaching ontológico irrumpe o aparece con una promesa distinta, y que creemos más profunda: no intervenir en lo que las personas hacen, sino en quiénes están “siendo” cuando actúan.
Como sostiene Rafael Echeverría, creador de la propuesta de la Ontología del Lenguaje, en uno de sus principios señala: “no sabemos cómo son las cosas, solo sabemos cómo las interpretamos”. Y es precisamente en ese espacio, el de la interpretación, donde se juega la posibilidad de transformación.
A simple vista, ambos enfoques parecen similares. los dos trabajan con líderes y buscan mejorar resultados y ambos se apoyan en conversaciones. Sin embargo, su diferencia es estructural, no metodológica.
En palabras de Alicia Pizarro Domínguez, referente clave de Newfield Consulting e integrante del nodo fundacional de la Federación Internacional de Coaching Ontológico Profesional, FICOP, en una de sus últimas ponencias en dicha asociación comenta: “No se trata de mejorar lo que hacemos, sino de expandir quiénes somos para que nuevas acciones se vuelvan posibles.”
Uno de los pilares más revolucionarios del coaching ontológico, no el único, por cierto, es su comprensión sobre el lenguaje.
Lejos de ser una recurso o herramienta neutra, decimos que el lenguaje es generativo: produce y/o crea realidades, coordina acciones, realiza peticiones, declara y define posibilidades…por ende límites también.
Esto tiene implicancias enormes en las organizaciones.
Investigaciones en liderazgo organizacional (como las desarrolladas en escuelas de negocios de Harvard) han mostrado que la calidad de las conversaciones internas está directamente correlacionada con el desempeño organizacional.
Desde el coaching ontológico, esto no es casualidad: es estructural.
Una diferencia clave entre ambos enfoques aparece cuando enfrentamos desafíos complejos.
El coaching ejecutivo suele preguntar: ¿Qué tienes que hacer distinto?
El coaching ontológico pregunta: ¿Desde qué interpretación estás viendo este problema?
Este cambio de foco permite detectar algo clave: Las personas no actúan según la realidad, sino según la interpretación que hacen de ella.
Y si esa interpretación no cambia, el problema se repite, aunque se intenten nuevas soluciones.
En los últimos años, organizaciones líderes en todo el mundo, han comenzado a integrar enfoques más profundos de transformación humana, generada desde sus CEOs o desde áreas de capital o recursos humanos.
No es casualidad que hoy conceptos como Liderazgo consciente; Cultura de aprendizaje e Inteligencia emocional organizacional, se hayan instalado en la agenda estratégica global empresarial.
Según múltiples estudios sobre transformación cultural, las empresas que invierten en el desarrollo del liderazgo desde una perspectiva integral logran:
Desde la mirada de Newfield Consulting, esto no responde solo a mejores prácticas, sino a un cambio más profundo: la evolución del observador organizacional.
A diferencia del consultor o del mentor, el coach ontológico no entrega respuestas ni soluciones directas.
Hace algo más desafiante y que desde la mirada de la Escuela de Coaching Ontológico de Rafael Echeverría, es mucho más potente: Diseña conversaciones que permiten que el otro vea lo que antes no veía.
Trabaja en tres dominios fundamentales:
Este enfoque tridimensional permite intervenciones que como formadores de coaches empresariales, creemos mucho más profundas y sostenibles.
Vivimos en un contexto donde lo técnico ya no alcanza.
Hoy, las organizaciones enfrentan: Incertidumbre constante; Cambios acelerados; Equipos híbridos y multiculturales; Líderes bajo presión permanente.
En este escenario, la ventaja competitiva no está solo en saber más, sino en interpretar mejor. Y eso es, precisamente, lo que entrena el coach en una sesión de coaching ontológico a sus líderes y directivos.
A lo largo de su trayectoria, Newfield Consulting ha trabajado con organizaciones y líderes que buscan algo más que mejorar resultados: buscan transformar su forma de estar en el mundo.
Desde la mirada impulsada por Alicia Pizarro Domínguez, el foco no está sólo en herramientas o recursos aislados, sino en procesos profundos que integran: Conciencia; Lenguaje; Acción e Identidad.
Porque al final del día, como señala Rafael Echeverría: “Los resultados que obtenemos en la vida son consistentes con el tipo de observador que somos.”, aludiendo a otro de sus principios ontológicos.
Las empresas no sólo cambian porque implementan nuevas estrategias. Y es muy posible que en parte lo hagan.
Desde la mirada de Newfield Consulting, “cambian” cuando las personas que las componen ven, sienten y actúan distinto. y, dada la profundidad del “cambio”, preferimos llamarle “transformación”.
El coaching ontológico no es una técnica más dentro del management. Para Newfield Consulting y sus socios fundadores, responden a un cambio de paradigma, como se señala en el libro de Rafael Echeverria, “El observador y su mundo” de editorial JC Saez.
Y en un mundo donde “todo cambia”, quizá la pregunta más relevante no sólo es: ¿Qué deberíamos hacer distinto?
Sino más bien: ¿En quién necesitamos “devenir” para crear el futuro que queremos?
Publicación con derechos reservados de Newfield Consulting
Autor: Paz Marticorena
Coach ontológica senior y Consultora empresarial
Newfield Consulting
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